A veces solo veo un objeto y dejo mi imaginación fluyendo, el resultado es nada o nada muy relevante. Un día de estos decidí solo observar (me gusta perderme en los detalles que paso por alto la mayoría de días atareados) vi una copa y pensé sin razón alguna en el significado de la vida y como se puede llevar esta. Así nació mi visión de la vida, o al menos la nueva que se vio influenciada por situaciones bastante diversas.

Usualmente escapamos, respondemos y disfrutamos sobre hechos de la vida, parece ser que todo esta nublado, la palabra clave aquí es carente de nitidez, es el efecto de una sustancia líquida.
No, simplemente se está detrás de un cristal, limpio, pero hasta cierto punto debido a las marcas de una lenta gota tinta que desciende infectado, manchando la poca lucidez que propone una ilusión totalmente distinta ante una realidad, y se ve bizarra en la copa con su coqueta cantidad de vino. Al fondo de nuestra copa, ya vacía, el encanto se marcha lentamente aclarando la perspectiva detrás del recipiente agraciado de cristal, mostrando lo oculto y borroso de un pasado que fomenta un impacto a la moral, a la razón y a la pizca emocional.
Debajo de un efecto singular de la bebida una evidencia de vivir provoca una reacción para sobrevivir, enfrentar y continuar. Todo por una copa de vino que se toma, se observa y al final, no tan al final en realidad no es demasiado tarde para cambiar la bebida y buscar una copa más conociendo un poco sobre el enfrentamiento anterior, porque simplemente no se sabe que sorpresas traerá.
Entonces así es como se ve la vida, con una distorsión que buscamos para que las piezas encajen y al final la pureza descubre una lucha tonta cuando no siempre la piezas calzaban, creo que es decisión de cada persona caer en los encantos tintos llegar al final sin que nada cambie para volver a caer o simplemente seguir pero con sutileza porque al menos algo se aprendió.
Es una fila de copas, somos catadores de la vida.
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